Primer error del empresario: aceptar todo

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Lo común hoy es aceptar cualquier negocio “porque tal y como está el mercado…”

La realidad es que esa justificación, que nos creemos sinceramente, esconde un verdad oculta: no tenemos criterios de decisión, “líneas rojas” que nos permitan aceptar o rechazar una propuesta, una reducción de presupuesto, una modificación de nuestra tarifa o minutas…

Y eso es un problema. Es un problemón.

Cuando aceptamos trabajos, obras, prestación de servicios por debajo de nuestra línea roja, solo estamos contribuyendo a nuestra propia destrucción como empresa, pues nadie aguanta demasiadas piedras en su tejado. Al final siempre termina derrumbándose y siempre aplasta al mismo: a ti.

Muchas veces la falta de tiempo, ir con la lengua fuera, el estrés, solo esconde una verdad: tenemos tantos malos clientes que tienen condiciones por debajo de nuestra línea roja, que no nos podrá ir bien nunca. No hasta que les subamos el precio o los eliminemos de nuestra cartera de problemas.

¿Qué es más importante? ¿facturar más o ganar más? da igual lo que ganes: si ganas tiempo, ganas; si ganas más dinero, ganas.

1ª lección del empresario: define tus marcas rojas, especifica los factores clave de éxito de tu negocio.

Si tienes problemas para hacerlo, contacta con nosotros. Queremos que ganes. Si o si.

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¿Nos cuesta aceptar a los empresarios que nuestro rol es ganar dinero?

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Una cliente me llamó hace poco el McGyver de empresarios, ¡menudo cumplido!

Estábamos en una sesión práctica de planificación estratégica y me reconocía que en una hora había aprendido más sobre como ser empresaria que en muchos años de práctica diaria.

Mi misión es entrenar a empresarios y profesionales, para eso utilizo 37 años de experiencia y métodos muy probados. Mi objetivo: que las personas sean capaces de conseguir su propósito, haciendo lo que han dicho que van a hacer para conseguirlo.

El comportamiento de los empresarios y profesionales es curioso (y esto no pretendo que lo comparta ninguno conmigo porque yo hace 4 años no lo habría hecho): siguen ciegamente una “guía” que no tiene nada que ver con los objetivos. Funciona de una forma similar a las procesionarias de los pinos, o al ratoncillo dando vueltas y vueltas en la rueda dentro de su jaula. Vueltas y vueltas.

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